Pruebas de ácido y amor al fracaso – Réplica 1

Juan Carlos González

Gracias a mi profesión tengo la fortuna de que muchas personas, en alta confidencia, me platican ideas de negocio que claramente llevan añejando mucho tiempo en su mente. De manera casi invariable anteceden su discurso con “te lo digo porque te tengo confianza, agradeceré que no se la digas a nadie porque luego me la roban”. Tristemente esas ideas continúan envejeciendo hasta que son sepultadas en el olvido o en la carencia de emoción.

En las culturas altamente emprendedoras existe una cultura exacerbada del -compartir-. Hay eventos diariamente para que emprendedores “pichen” sus ideas a audiencias completas esperando encontrar inversionistas o cofundadores quienes los ayuden a llevar a su idea o producto al mundo real o mercados que en ese momento le son inaccesibles.

¿Cómo logras encontrar un mercado, un socio, un inversionista si tu idea la mantienes para ti mismo(a) la mayor cantidad de tiempo posible?

La fila de personas más largas del mundo
es la de aquellas con buenas ideas.

La fila más corta de personas del mundo
es la de aquellas con ideas que son ejecutadas.

Vamos acordando algo tú y yo: las buenas ideas hoy son un commodity. Todos tenemos buenas ideas. No todos tenemos el valor de ejecutarlas.

¿Cómo poner a trabajar tus ideas? Compártelas hasta que te duela. Si las compartes, puede pasar cualquiera de las siguientes cosas:

  • Encuentres un nuevo socio o socia
  • Te digan porque no es buena idea
    ¿No suena esto a una consultoría gratuita?
    Cada -no- te hará ver cómo acercarte más a un -sí-.
  • Te digan cómo lo harían de una mejor forma
    Otra vez… consultoría gratuita.
  • Te digan lo mala que es idea tu idea
    ¿No suena esto a un estudio de mercado también gratuito?
  • Te digan lo extraordinaria que es tu idea
    ¡Aprovecha la gasolina que esta energía positiva te da! (la vas a necesitar).
  • Encuentres a tu primer cliente
  • Te hagan renunciar a tu idea
    ¡Qué bueno! Si renuncias es porque en realidad no estás perdidamente enamorada de tu idea como para soportar los embates que tendrá cuando llegue al mundo real… te salió barato el fracaso emprendedor en esta ocasión, felicidades.

En nuestra cultura latina, y en específico la mexicana, nadie quiere ser visto como un “fracasado”; para muchos no hay peor cosa que ser un “perdedor”. El latino puede no se ve cometiendo errores ni siendo rechazado por ello.

Cuando tú expones a tu idea a una prueba de ácido donde el objetivo es justamente que pueda ser destruida, es una forma de exponerte como creador de la misma; ¿a quién le gusta sentirse expuesto? ¿a quién le gusta correr el riesgo de sentirse rechazado?

Pongámonos de acuerdo con algo: Tu no eres tus ideas.

Cuando logres separar a tus ideas de tu persona, es decir, que te dejes de identificar tus proyectos, reconocerás el valor de una retroalimentación negativa. Gozarás exponer a tus creaciones a quienes posiblemente te compren o repudien; cada vez que esto suceda tendrás un producto o servicio más maduro y listo para acercarlo al mundo real en un esquema rentable.

Tú puedes tener muchas ideas, la gran mayoría van a ser malas ideas, pero algunas serán extraordinarias. El cerebro creativo es un músculo que hay que desarrollar; hay que ejercitarlo. El crear por proceso nuevas ideas, someterlas a escrutinio y abrazar los comentarios negativos como oportunidades de mejora, es la única manera de formar un hábito creativo maduro y rentable.

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3. Algo común y corriente en el mercado

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